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                         HERENCIA      El heredero del gobierno, hereda todo, incluso el reflejo de los escándalos, pero sobre todo el desgo...

domingo, 6 de mayo de 2018

UNA HISTORIA


                      CONSTANTINA    9       
    Oscar Croc ocupó la habitación más amplia y confortable y era el huésped que mejor pagaba. La generosidad en el pago contribuyó a que los otros huéspedes lo consideraran  un estúpido que no entendía lo que hacía.
   Vestía habitualmente un traje completo de color azul con una fina camisa blanca llevaba una cadena de oro llena de dijes y también una prominente barriga.
   A la casera le chispeaban los ojos al ver el menaje que Croc llevaba y se hacía lenguas al hablar de su valor. La avaricia la dominó cuando vio los documentos con los que el huésped se aseguraba financieramente.
   A partir de ese momento Constantina empezó a trazar sus planes.
   Croc sufría de los lagrimales hinchados, lo que le obligaba a enjugarse los ojos constantemente, la nariz grande cuadrada, la cara redonda como una luna y una enorme barriga sus pantorrillas eran carnosas, que no le limitaban ante los ojos de la Casera que lo consideraba agradable y distinguido.

sábado, 5 de mayo de 2018

UNA HISTORIA


                               CONSTANTINA    8        
    El venerable Patricio a duras penas se sostenía con el bastón, vestía una levita que disimulaba malamente unos pantalones casi vacíos, mucha gente lo confundía con una sombra chinesca. ¿Qué había sido? ¡Tal vez un empleado del ministerio de justicia!
   La alta sociedad no acepta caras lívidas de padecimientos morales y físicos, pero por más cuidado que se ponga, siempre se encontrará un lugar aceptable o un antro desconocido por los sabuesos literarios. “La Casa de Constantina” era una de esas curiosidades.
   Entre los habitantes de la casa sobresalía un hombre de cincuenta años, ancho de hombros, músculos muy visibles, manos grandes y abundantes vellos de color rojizo que establecía un marcado contraste por el gesto de su cara que ofrecía señales de dureza; sus modales insinuantes, atentos, y su buen humor que lo hacía agradable. Era el único huésped que disponía de llave de la casa, debiendo advertir que se entendía muy bien con la casera…

viernes, 4 de mayo de 2018

UNA HISTORIA


                               CONSTANTINA    7       

    Casi todos tenían cuerpos bien constituidos. Las bocas estaban armadas de dentaduras ávidas. Todos sentían el drama, pero no ese drama representado entre candilejas. ¡No! Dramas vivos y mudos que conmueven vivamente al  corazón más duro. Dramas que caminaban
    La solterona vestía de una  forma capaz de asustar al Ángel de la guarda. Debió haber sido una joven bonita y bien formada. ¿Qué ácido habría corroído sus formas? ¡El vicio, el desengaño, la avaricia, la prostitución!
   ¿Habría tenido una juventud insolente y ahora una vejez que ahuyentaba? Su arrugada  cara amenazaba y su mirada daba frío. Según ella había cuidado a un anciano prostático que había sido abandonado por sus hijos.
   Este anciano al morir le había legado una renta vitalicia. Las pasiones habían dejado sus huellas.

jueves, 3 de mayo de 2018

UNA HISTORIA


                       CONSTANTINA    6        

     En el tercer piso la solterona llamada Raquel, un ex industrial llamado Leonardo a quien los otros huéspedes distinguían sólo como Leo. También habitaba en la casa Oscar Croc que se inflaba cuando los otros huéspedes zalameramente le decían “maestro”, calificativo que le había puesto Raquel, la solterona. Las otras habitaciones eran ocupadas por estudiantes y gentes que iban de paso en busca de algo muy económico
   En la terraza, Constantina había adaptado el espacio para el lavado de la ropa y dos buhardillas que ocupaban un criado y la cocinera.
    Para descifrar el espectáculo deprimente que se vivía en el ambiente de la casa no era necesario preguntar, bastaba con detenerse a observar la indumentaria de los habitantes.
   Los hombres llevaban vestidos de color indefinido y calzado que parecía recogido en la calle de los barrios de élite.
   Las mujeres tenían vestidos pasados de moda, teñidos, desteñidos y vueltos a teñir, ropa blanca gastada a la que no le quedaba sino la trama.

miércoles, 2 de mayo de 2018

UNA HISTORIA


                               CONSTANTINA    5       

    Cuando Constantina estaba en casa nada le faltaba al espectáculo. Ella frisaba en los cincuenta años. Su rostro era un aparador de desgracias. Tenía la cara inocente de una casera dispuesta a todo para endulzar su suerte. A pesar de todo, en el fondo era un buen ser humano “muy en el fondo”.
   Cuando se le preguntaba por el origen de su pobreza, respondía: “Tuve un marido que se portó muy mal conmigo, sólo me dejó los ojos para llorar”. La casa es producto de mi lucha. Al oír trajinar a la casera, la cocinera se apresuraba a servir el desayuno.
   En la época en que comienza esta historia, los huéspedes de la casa eran siete. En el primer piso estaban las dos mejores habitaciones. Constantina habitaba en el segundo piso. Y también un anciano llamado Patricio, un comerciante venido a menos de nombre Valentín.

martes, 1 de mayo de 2018

UNA HISTORIA


                       CONSTANTINA    4        
    La casa de Constantina despertaba a eso de las siete de la mañana cuando ella y su gato bajaban a la cocina y el gato olfateaba la leche guardada en jarras tapadas con platos. Su cara vieja, en cuyo centro nace una nariz en forma de avellana, sus manos y su cuerpo regordetas armonizaban con aquella sala que destilaba pobreza.
   Su rostro, frío como la primera helada de otoño, sus ojos arrugados que pasan de la mirada convencional al amargo ceño del usurero explican la hospedería, así como la hospedería explica a su propietaria. En otras palabras el presidiario no marcha sin el carcelero y no es posible el uno sin el otro.
   En “La casa de Constantina” el ambiente hace a los huéspedes, y estos a su vez son el ambiente de la casa.

UNA HISTORIA


                           CONSTANTINA    4        
    La casa de Constantina despertaba a eso de las siete de la mañana cuando ella y su gato bajaban a la cocina y el gato olfateaba la leche guardada en jarras tapadas con platos. Su cara vieja, en cuyo centro nace una nariz en forma de avellana, sus manos y su cuerpo regordetas armonizaban con aquella sala que destilaba pobreza.
   Su rostro, frío como la primera helada de otoño, sus ojos arrugados que pasan de la mirada convencional al amargo ceño del usurero explican la hospedería, así como la hospedería explica a su propietaria. En otras palabras el presidiario no marcha sin el carcelero y no es posible el uno sin el otro.
   En “La casa de Constantina” el ambiente hace a los huéspedes, y estos a su vez son el ambiente de la casa.