041 EL DANTE
Y penetramos en el primer círculo. Me dí cuenta que allí no se oían lamentaciones sino profundos suspiros que agitaban el aire de la prisión. Una apiñada multitud de hombres, mujeres y niños suspiran un hondo dolor sin tortura visible.
Enorme pena me causó oír estas palabras pues comprendí que muchas personas debían sufrir en el limbo la misma desventura.
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