Memorias de un infiel...
Liborino leyó la historia de un prestidigitador que atormentado por lo que acontecía a su alrededor se hizo desaparecer a sí mismo. Provenía de una familia acomodada, además era un hombre bien parecido, buen conversador, amante del buen vivir, la buena mesa y apasionado por las mujeres.
Sufría de una timidez extrema, que hacía crisis en él cuando se hallaba delante de una mujer hábil, y era presa fácil de una con carácter fuerte.
El relato continuaba con la salida del bar de los contertulios que atraviesan el patio bajo un cielo gris, y gentes que caminan por senderos encharcados que se sorprenden al ver un par de jinetes que salían de entre la niebla. Finalmente los contertulios regresan al bar y conservan los lugares que tenían al salir. T así termina la descripción del cuadro. También pensó en la azulada cima de un monte en la lejanía, al que se llegaba a través de un largo camino.
Sería dar vida a una visión, inspirar vida a una transferencia de la mente al papel y crear un mundo para un escritor.
Liborino cristalizó la idea y tiempo después habló a un productor de cine que le contestó que; tal trabajo requería técnicas actualizadas en el método de animación del argumento principal, que una película semejante costaría un montón de dinero y no duraría más de unos minutos en que aburriría a la mayoría de la gente, de tal modo, que causaría una gran decepción...
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