CAMINOS DE LOCURA…
Arrastrándonos
llegamos a la cima, nos paramos sobre un montecillo y observamos muros
elevándose hacia el occidente y los picos de las inmensas montañas hacia
oriente. El sol antártico de media noche miraba rojizo desde el horizonte
meridional a través de grietas en las ruinas. El cielo era una masa lechosa y
el frio se nos metió hasta los huesos. Pusimos en el suelo los sacos del equipo
y nos aferramos a ellos con desesperación. Volvimos a atarnos las pesadas
vestiduras para emprender el fuerte descenso a través de un laberinto tan
antiguo como las edades. Llegamos al pie de la colina donde nos esperaba el
avión.
Por un segundo contemplamos admirados la terrible belleza
del paraje. Aquella remota línea no podía ser otra cosa que las montañas de la
tierra prohibida, los picos más altos del planeta. Foco de todo mal, cofre de
los secretos de la edad arquean.
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