CAMINOS DE LOCURA…
Si los mapas y
cuadros de la ciudad pre-humana decían la verdad, esas montañas estaban por lo
menos a trescientos millas de nosotros. Tales pensamientos dan la medida del
estado de tensión en que me hallaba. Jiménez parecía estar mucho peor.
El avión estaba
en perfecto estado. Jiménez encendió el motor y despegamos suavemente y sin
dificultad sobre la cuidad pesadilla. Miramos hacia abajo, como la primera vez
dimos algunas vueltas hasta conocer la dirección de viento. Observé que a
Jiménez le temblaban las manos sobre los controles, entonces pensé que podía
navegar mejor que él. Cuando le hice señas para que me dejara los controles no
se opuso. Cuando yo guiaba el avión Jiménez lanzó un alarido demente que nos
puso al borde del desastre. Mi resolución se impuso y logramos atravesar el
paso.
Al descender
hacia el campamento nos prometimos mantener en secreto lo que habíamos hecho.
Es muy probable que todo no fuera más que una ilusión, un espejismo.
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