CAMINOS DE LOCURA…
Sólo la buena
suerte permitió que las nubes ascendieran lo suficiente para tener una primera
visión de lo que se acercaba. Al echar una ultima mirada llena de temor
divisamos donde estuvo el origen del horror que nos ha acompañado.
Salimos al gran
hemisferio. Era como si flotáramos en un mundo nebuloso sin tiempo, causalidad
ni orientación. Eludimos mirar al infeliz Andrés y al perro. Al subir
lentamente por la enorme rampa sentimos la fatiga y la escases de aire. El
temor a desplomarnos de fatiga no nos detuvo hasta haber alcanzado el mundo
donde se siente el calor del sol y se ve el azul del cielo. Nuestra salida de
aquellas edades era algo como un adiós de los “Antiguos”.
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