UNA
BROMITA…
Chejov
Y he aquí me
llega el primaveral
mes de marzo…
El sol se torna
más cariñoso. Nuestra montaña de
hielo se oscurece,
pierde su brillo y,
por fin se derrite. Nuestros viajes
en trineo se interrumpen. La pobre
Nádenka ya no tiene dónde escuchar
aquellas palabras y
además no hay quien
las pronuncie, puesto
que el viento se ha
aquietado y yo estoy
por irme a
Petersburgo, por mucho tiempo, quizás par
siempre.
Unos días antes
de mi partida,
al anochece:, estoy sentado en el
jardín. Este jardín está
separado de la casa
de Nádenka por
una alta empalizada con clavos…Aún hace bastante
frío, en los rincones
del patio exterior
hay nieve todavía, los
árboles parecen muertos; pero
ya huele a
primavera y los grajos,
acomodándose para dormir
desatan su último vocerío de la jornada. Me acerco a la
empalizada y durante largo rato miro por
una hendidura.
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