UNA
BROMITA…
Chejov
Por lo visto, ha decidido
probar, al fin: ¿ se
oyen aquellas sorprendentes
y dulces palabras cuando
yo no estoy?
La
veo colocarse en el trineo,
pálida, con la boca
abierta por el miedo, cerrar
los ojos y emprender la
marcha, después de despedirse
para siempre de la
tierra. “Zsh- zsh- zsh- zsh”… zumban los
patines. Si Nádeñka está
oyendo aquellas palabras o no, no
lo sé… La veo
levantarse del trineo exhausto,
débil. Y se por su cara
que ella misma no sabe
si ha oído algo o no. Mientras estuvo
deslizándose hacia abajo,
el miedo le quitó la capacidad
de escuchar, de distinguir sonidos, de
entender…
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