UNA BROMITA…
Chejov
Veo a Nádenka
salir al patio
y alzar su triste,
acongojada mirada al
cielo… El viento de primavera
sopla directamente en su pálido
y sombrío rostro… Le hace
recordar aquel otro
viento que bramaba en la
colina dejando oír aquellas
tres palabras, y su
cara se pone triste,
muy triste, y
una lágrima se
desliza por su
mejilla. La pobre muchacha extiende ambos
brazos como suplicando al
viento le traiga
una vez más aquellas
palabras. Y yo, al
llegar una ráfaga de
viento, digo a media
voz:
- ¡La amo, Nadia!
¡Por Dios, hay que ver lo
que sucede con Nádenka!
Deja escapar un grito y con amplia sonrisa tiende sus brazos hacia el viento, alegre,
feliz, tan bella.
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