Él, de pie sobre el lecho era de la misma estatura de ella, la había enroscado con
sus delgados brazos y la besaba en la mejilla. Ella lo abrazó y también una de
sus manos se deslizó bajo la camisa del pijama azul y lo acarició.
Doña Lucrecia sintió dos breves labios que
se detenían ante el lóbulo de su oreja. Le pareció al mismo tiempo que la
acariciaba. Sin que se percatara, una sensación diferente iba calándola de un
confín a otro de su cuerpo, especialmente en los pechos, el bajo vientre, el
dorso de los muslos, el cuello y los hombros.
Ella intentaba apartarse pero Alfonsito no
la soltaba.
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