En su
memoria, los habitantes del gueto son niños que juegan en los parques y viven
en casas que huelen a pintura fresca.
El desmantelamiento de los escenarios y de
nuevo, el hambre, la difteria, los soldados, los trenes llenos de condenados,
las deportaciones y la infinita espera. Pero ya no habrá delegados que los
fotografíen. Parecerá todo un sueño que no dejará ningún rastro. Una larga
lista que el comandante firmará sin leer
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