Vio cómo una
tarde su padre, junto a otros ancianos y gente joven eran llevados al tren de
los que no regresarían. No se había detenido a pensar si su padre estaba
muerto. Si su padre había muerto, en cierto modo eso tampoco significaba nada.
Hacen falta palabras nuevas, preciosas que
no hayan perdido su sentido. Se detiene a mirar a su alrededor, mira los
jardines llenos de flores, a los niños que juegan, lo hace con ojos nuevos como
quien sabe que detrás de la barbería no hay nada y que en la central de
comunicación sólo crece la ignominia
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