DIÁLOGO OCASIONAL
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Volví al hotel, disimulando lo
mejor posible mis medias destrozadas, el desorden del pelo y las manchas en la
ropa. Cuando me tranquilice me di cuenta de que me había gustado. Recordaba con
un estremecimiento de placer el sabor de la boca, su aliento, la violencia de
su abrazo y, sobre todo, su entrega. Era una sensación compleja, excitante y
sobrecogedora que trastornó mi tranquila existencia. Supe que tenía que volver
a sentir aquello, que la vida era insípida y gris si no podía sazonarla, iluminarla
con aquel placer que me arrebataba.
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