041 EL DANTE
Oíanse ya las lastimeros quejidos y luego escuche profundos lamentos. Entramos en un lugar tenebroso, que rugía como el mar enfurecido.
La tromba infernal que no se detiene nunca, envuelve en su torbellino a los espíritus, allí son los gritos, los llantos, los lamentos y las maldiciones contra la virtud divina.
Supe que estaban condenados los pecados carnales que sometieron la razón a sus lascivos apetitos
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