A través de sus libros , no se cansa de ridiculizarla, de torturarla.
Es posible que la hipótesis de Klassowski sea fundada y que Sade haya detestado a su propia madre; la naturaleza de su sexualidad lo sugiere.
Sade, finalmente anonadado por su suegra y por la ley, no dejó de ser cómplice de su propia derrota.
Vuelto a la libertad, Sade seduce a su joven cuñada. Virgen hermana de su mujer. Ser dirigen a Marsella y en 1772 el caso de las golosinas asume proporciones terroríficas. Huye rumbo a Italia en compañía de su cuñada. Se le condena a muerte por contumacia junto con su criado Latour y ambos son quemados en la plaza de Aix. La canonesa se refugia en un convento en Francia donde termina sus días.
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