Memorias de un infiel...
...Un día la llevó al hospital, vivió semanas soñando con una cariñosa compañía que le hiciera revivir su existencia. Finalmente el médico le dijo: Ya terminó todo, Liborino..., se precipitó a la habitación de Marcela y la encontró con la niña que acababa de alumbrar.
A los diez años, la niña que había heredado el temperamento de la madre, con una alegría discreta. Se puede decir que era una alegría con visos de muerte.
Durante varios años Liborino permaneció fiel a su mujer. Sentía que la amaba, pero conservaba el secreto anhelo concupiscente que consumía su vida., ella se interesaba por todas las inquietudes de Liborino, especialmente en lo relacionado con los viejos cuadros. Realizaron muchos viajes y gozaron de bellos días y suaves atardeceres con un fondo iluminado por el sol poniente.
Un día fue al café donde tenía una cita de negocios y al ver el reloj descubrió que se había anticipado con tiempo prolongado, pero no quería sentarse solo a esperar y menos regresar a casa. Se dedicó a caminar sin rumbo fijo, llegó a un pequeño cine, miró la cartelera, compró la entrada.
Entró al oscuro salón, percibió que caminaba detrás de una joven de delgado talle y seguros movimientos, la miró gracias a un rayo de luz que le esbozó la figura que parecía pintada por un gran pintor sobre un cálido lienzo...
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