LA QUERENCIA 2
Pero
ella no sólo era físicamente parecida a su madre, sino que su vida no era más que
una prolongación de ella.
El
abuelo de Laila siempre alabó la belleza de su hija—la madre de Laila—llegando
a compararla con una de las madonas que pinto Rafael y ella vivió convencida de
la afirmación de su padre.
Cuando
llegó el momento de casarse, la madre de Laila tenía nueve pretendientes y no
sabía cuál elegir, si el más guapo, el más gracioso, el más rico, el más
deportista, el de mejor familia, al que recitaba versos, al que había viajado
por todo el mundo, al que tocaba el violín o al más varonil.
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