EL
SENDERO 1
Ángel Contreras
Siempre
le había escuchado a Giuseppe mencionar la ciudad de Roma como la ciudad de los
perfumes, la tierra prometida de los perfumistas. El lugar que les daba su
identidad.
Sabía
que allí aprendería más que en ninguna otra parte las técnicas para la
extracción de perfumes y de ellas quería apropiarme. Me aplique unas gotas de
perfume y unas horas después estaba en Roma.
A
pesar de todo, en medio de la suciedad, del fango y la estrechez, la ciudad
bullía de actividad comercial. Todos eran comerciantes que disponían de
sustancias aromáticas.
Las
fachadas de los edificios daban a la calle la impresión de su modestia, y en
sus gigantescos sótanos se almacenaban y conservaban riquezas incalculables de
materias primas.
Ante
uno de los edificios me detuve por más
tiempo. El edificio se encontraba al principio de la avenida.
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