DIÁLOGO OCASIONAL
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No es que fuera más fea o menos antipática que otras chicas,
sencillamente, tuve mala suerte.
Como el trabajo me dejaba horas
libres me puse a estudiar idiomas: primero el francés y después inglés,
italiano y alemán...A los treinta y tres años decidí hacer un viaje a París, me
ilusionaba practicar la lengua y conocer una ciudad que entonces me parecía el
centro del mundo.
En París un hombre me besó por primera vez. Fue para mí una experiencia extraña
y turbadora. Vi a aquel hombre en un café.
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