LO QUE CUESTA UN IDEAL 54
Nos fuimos a vivir a la casa de mi suegro,
pero él y mi cuñado nos registraban todo, nos abrían la correspondencia. Un día
me dice el suegro: Briseida, quiero aclarar una cuestión: Si a mi hijo le llega
a pasar algo, la casa y lo que ha edificado es mío, tú te quedas en la calle.
Mi cuñado comenzó a molestarme en una forma
asquerosa y, como no estaba mi marido, no le parecía mal que nos hiciéramos una
jugadita.
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