LO
QUE CUESTA UN IDEAL 49
-Deme eso que tiene ahí
-Le
respondo, no se lo puedo entregar.
-¿Y por qué
no?
-Porque son
cosas intimas y aunque me cueste la vida, no las lee nadie.
Y fui de cabeza a la celda de castigo. Tres
meses duré allí. Yo sabía que mi respuesta traería consecuencia. Lo peor
de la celda de castigo era la soledad,
el no poder hablar con nadie, que no te dejen leer ni escribir. La idea era
hacernos comprender que las órdenes eran para cumplirlas.
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