018 MEMORIAS
Como autómata avancé hasta las cajas, exhibí, el tiquete azul. al otro lado de la ventanilla unas manos ágiles ponían sobre el mostrador un fajo de billetes. El sentimiento de pulcritud que tenía tan arraigado desde la infancia clamaba en mi interior.
El público empezó a aglomerarse tras de mí, está vez para comprar tiquetes de apuestas. Escuché por un momento lo que hablaban mis vecinos: ¿No crees que Píndaro tiene probabilidades?
Pensé,... ¿Píndaro? Me decidí, empuje hacia el hombre de la taquilla todo el dinero y lo aposté a Píndaro, el ganador. La misma mano llenó las mías de tiquetes
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