Lulú
Ely me plantó dos sonoros besos en las mejillas. Saludó efusiva mente a Chelo, estaba muy avejentado, siempre habíamos presentido que andaba mal.
-- ¿Qué haces aquí? Creí que andabas por Sevilla.
-- ¡Ahg! --no me hables-- llevaba las uñas pintadas de blanco nacarado. Me cansé de ellos, además estoy enamorada, --había bajado la voz-- estoy enamorada, lo dijo en un tono dulce. Menuda zorra estás hecha, pensé.
Cuando hablaba de amor olvidaba que era un hombre y no podía evitar hablar de ella en femenino
Chelo la felicitó, estaba de acuerdo. Yo escuchaba el diálogo que se estaba armando, pendiente del trato que se estaba cerrando a mi izquierda. Se sentaron los tres en el asiento de atrás, el cliente en el centro y empezaron a meterle mano.
--Eran conmovedores, belleza conquistada milímetro a milímetro para prolongar la adolescencia más allá de los veinte...
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