George Sand
Siempre fue cristiana y creció en comunicación mística con Dios. Se hizo socialista pero siguió siendo cristiana. En 1848, se lanzó en un movimiento revolucionario y, tras el fracaso, supo conservar el prestigio sin renegar de sus ideas.
Extinguidas todas las pasiones, logró recrear en la casa de su infancia el paraíso perdido y halló finalmente una vejez serena, activa y matriarcal.
En el año 1800, en la ciudad de Milan, el ayuda de campo Maurice Dupin encontró a una bellísima chica. La muchacha se llamaba Sophie-Victorie Delaborde.
Sophie-Victorie Delaborde era hija de un maestro pajarero y había tenido la juventud tempestuosa de una muchacha pobre.
Mi madre -- escribiría más tarde George Sand-- era de la raza envilecida y vagabunda de los bohemios de este mundo. Era bailarina en el último de los teatros del bulevar de París, cuando el amor del rico vino a sacarla de aquella abyección.
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