Memorias de un Infiel...
El desorden de la alcoba hablaba por sí solo. Liborino se dirigió calladamente al estudio. ¡Ahí estaba la carta!. Horas después apareció el cuñado.
-- Vine a buscar las cosas.
-- Quiero hablar unas palabras contigo, dijo Liborino al cuñado que lo siguió hasta el estudio y se paró de espalda a la ventana.
Un día cuando Jessy regresaba a la casa alguien que la venía siguiendo la asió del brazo, arriba del codo, ella se volvió y era su hermano Otón:
-- Me da gusto encontrarte hermanita. Te has olvidado de tu familia. Hace muchos días que te vigilo.
-- ¡¿Qué quieres!? Preguntó Jessy mirando con desagrado la grasienta figura de su hermano.
-- Entremos a este bar, ella empezó a sentir miedo. Mira no debes sentir vergüenza de tu familia porque tienes un amigo rico, al contrario, debes pensar en nosotros.
Jessy sintió repugnancia, el hermano le quitó un pequeño bolso de mano que abrió y revisó, había unos billetes que se embolsó.
-- ¿Ya puedo irme? Preguntó.
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