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Darío encontró a Felipa Jaimes en el manzanal, estaba enfundada en unos pantalones de montar que resbalaba
por el tronco de un árbol. Felipa lo miró sobresaltada.
-- Buenos días, señora Felipa, soy el detective Darío Díaz y deseo
hablar con usted.
-- ¿Acerca de lo del sábado?
-- Sí.
-- ¿Va a ser largo? ¿no…?
-- No quiero interrumpir su tarea más de lo estrictamente necesario.
-- Gracias.
-- Se trata de obtener información. ¿A qué hora volvió de trabajar?
-- A eso de las cinco y media.
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