EL
HUÉSPED 21…
En el suelo se destacaba una traza de sangre y pasos ensangrentados que
salían de un cuarto interior. La puerta estaba cerrada, García la abrió de una
sacudida y sostuvo por delante la luz, mientras nosotros escudriñábamos.
En medio del cuarto vacío estaba en medio de un charco de sangre el
cuerpo de un hombre enorme, con su cara morena contorsionada de modo grotesco.
Tenía las rodillas levantadas y sus manos extendidas, del centro de su gruesa
garganta surgía el mango blanco de un cuchillo con toda la hoja clavada en su
cuerpo. Junto a su mano derecha, había un puñal de doble filo y al lado un
guante negro de cabritilla.
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