CAMINOS DE LOCURA…
Nos aproximamos cautelosamente, ojalá nunca se nos
hubiera ocurrido, mejor hubiera sido retroceder antes de ver lo que vimos,
antes de que nuestras mentes quedaran marcadas como con fuego por algo que
jamás nos dejaría vivir tranquilos. Jiménez lanzó un desgarrador grito --
producto de sus nervios--, que repercutió multiplicado a través de aquel
pasadizo.
Aquellas formas
decapitadas nos había convertido en estatuas y sólo hasta después cuando
pudimos hablar supimos hasta qué punto fueron idénticos nuestros pensamientos.
Poseídos por el terror sentíamos el miedo de extraviarnos. Habíamos decidido
continuar en línea recta hacia la ciudad muerta. El hecho de sobrevivir y poder
salir era prueba suficiente de que nosotros acertamos con la buena ruta.
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