PARÁBOLA DE UN SOLITARIO…
Por eso lo sorprendió aquella ternura,
dormía con ella como al principio. A la mañana siguiente y casi contra su
voluntad le daba un beso antes de irse.
Un día encontró entre las cartas una que
decía así:
“Aunque soy una víctima de su severidad y
como consecuencia me veo envuelto en un proceso por una pesa de diez kilos, me
permito comunicarle que su mujer lo engaña de forma pérfida y vergonzosa. Por cierto, es con su
secretario.
Respetuosamente…
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