DIÁLOGO OCASIONAL
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Recuerdo la mezcla de terror y fascinación que
sentí durante mi primer encuentro íntimo con un hombre. Ese día me había tocado
ver por primera vez un erizo de mar, extraña figura que genera toda clase de
reacciones--al menos en mi caso--. Así empecé a relacionar a otras personas,
unos por la textura de su piel, otros por el olor de sus ropas, o el tono de su
voz y casi todos relacionados con algún alimento especial
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