SUBLIME
Ángel Contreras
Desde
el balcón de la casa se veía la ladera en la que crecían los manzanos, el
bosque cerraba el horizonte. La luna colgaba del cielo obscuro, parecía una
lámpara que ha estado encendida todo el
día alumbrando la habitación de los muertos.
Ni él ni ella, al igual que los manzanos que
crecían en la ladera podían abandonar el pueblo. Habían vendido todo sólo para
poder comprar una casita pequeña a un agricultor que se había ido para la
ciudad.
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