Inés era huérfana, había nacido en
Cali, doña María, su madre, murió dejándola de siete años. Ocho años más tarde,
don Sebastián, su padre, viéndose a las
puertas del sepulcro llamó a don Manuel y le dijo que el único consuelo que le
quedaba era la esperanza de que él se hiciera cargo de ella como si fuera su
hija.
Don Manuel
le contestó:
No se preocupe, puede contar con que Inés
encontrará en mi un segundo padre amoroso y muy interesado en su suerte.
Don Manuel le dio las gracias por esa prueba de
confianzaBuen comienzo de semana para todos los lectores y mi esperanza en ser leal con la obra y con los caleños.
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